Los centros comerciales ocultan la crisis entre bolsas
llenas de ropa.
Nos han convertido en seres de prendas despintadas y de
calidad cuestionable, seres que han elegido como medio de esparcimiento, ir a
una gran superficie y pasear mirando escaparates donde los maniquís tienen
mejores planes que nosotros.
Las mujeres se comparan entre ellas y los hombres comparan a
sus mujeres, los niños, los que sí se divierten, corren y se tiran por el
resbaladizo suelo.
Todo se parece a una estación de metro donde nadie va a
viajar, tan solo volverán a su casa con el pensamiento de volver y gastar los
sueldos por los que tanto lloran.

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