sábado, 6 de septiembre de 2014

Un día, un perro



Quien abandona a un perro puede abandonar a cualquiera.

He salido a tirar la basura y algo se ha movido entre los contenedores, me he asustado lo confieso. Mi asesino salió de la oscuridad y resultó estar más asustado que yo.

Los ojos le brillaban y confesaban un miedo contra el hombre, había sido maltratado, abandonado en la carretera, sentenciado a morir. En un tiempo atrás fue querido y llorado por algún niño o familia caprichosa, creció, como todos lo hacen y pasó a ser un estorbo para las vacaciones.

No me imagino el procedimiento, la falta de corazón que se puede llegar a tener, un viaje en coche, como pasear por el corredor de la muerte, la noche tapando las caras de vergüenza, una puerta que se abre y un empujón. El animal abandonado incluso trataba de buscar a sus dueños, no dejará de querer ni un día a las personas que lo han dejado de querer, las personas que lo han asesinado lentamente.

Las personas que lo han abandonado han dejado de ser personas, han pasado a ser animales, de esos que para sobrevivir del cazador, son capaces de abandonar a sus crías, animales que un día quisieron un perro y otro día se convirtieron en ellos, solo espero que alguien los abandone un día, que se encuentren en la calle, comiendo de las sobras, a patadas por el mundo y en un callejón encuentren al perro que abandonaron y este, siempre fiel, se acerque para consolarlos.

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